Tejer como fuente de ingresos y bienestar personal.
¿Alguna vez has sentido que hay algo en ti que te pide ser creado?
Hoy quiero contarte como tejí mi historia: El tejido me dio libertad y se convirtió en el negocio que hoy me representa.

El día que decidí soltar lo que no me hacía feliz
Hubo un momento, después de la pandemia, donde me senté a mirar mi vida y me pregunté: ¿esto es lo que quiero?. Tenía un trabajo, tenía rutina, tenía todo lo que “se supone” que debes tener. Pero algo faltaba.
Me faltaba tejer, faltaban mis manos creando, faltaba ese conocimiento que había heredado de mi familia, que ha pasado de generación en generación como uno de esos secretos que solo se comparten en voz baja entre mujeres, las que saben que tienen algo especial en sus manos.
Cuando mi madre falleció, recordé los momentos de mi infancia, donde me sentaba a tejer con ella y me pregunte ¿Cómo puedo hacer de esa enseñanza que ella me heredo un homenaje y un proyecto de vida?. Así que tomé una decisión que en ese momento se sintió enorme: solté ese trabajo y aposté por mi talento.
Empecé tejiendo accesorios para el hogar que vendía a mi círculo más cercano. Mi primera inversión en el proyecto fueron las liquidaciones de ese trabajo que me mantenía atada a la comodidad. Tiempo después llegó el trapillo a mi vida, un material sostenible con el medio ambiente pero desconocido para mí, pues solo conocía lo materiales tradicionales como hilos y lanas, mostrándome así que mi misión de vida se podía entrelazar con el cuidado por nuestro planeta.
“Apostar por lo que sabes hacer con el alma es la decisión más valiente que puedes tomar.”

Las primeras ventas: cuando tejer se convirtió en negocio
Las primeras ferias y ventas fueron mágicas. Ver a una persona emocionarse con un bolso que yo había hecho con mis propias manos, que había tejido con paciencia, eso no tiene precio.
Entendí que no solo estaba vendiendo accesorios; estaba ofreciendo piezas únicas, sostenibles, con historia. Cada bolso de mi marca está hecho con trapillo reciclado de las fábricas textiles, lo que significa que somos parte de una cadena que cuida el planeta mientras crea arte textil..
Esas primeras ventas me confirmaron algo que ya sentía: Con el tejido podía construir un camino real.
Detrás de cada bolso tejido en trapillo hay mucho más que hilos y ganchillo: hay valentía, herencia familiar, pérdidas, renacimientos y la certeza de que construir con tus manos también es construirte a ti misma.
Te puede interesar: Bolsos en trapillo, qué son y por qué son los productos ecosostenibles de 2026.

2024 y el miedo al fracaso: cuando casi se me cae todo
No siempre me fue bien. En 2024 cerraron varios puntos donde estaban nuestros productos y las ventas cayeron casi un 60%. El miedo llegó. Fuerte. Ese miedo que te dice que dejes todo y que al final esto no era posible.
Pero también ese año perdí seres queridos muy importantes para mí. Entre ellos mi hermano Jairo, una persona que me vio crecer junto a mi madre, sentí que todo se venía abajo y que no podía seguir adelante. Sin estabilidad emocional y con mi negocio sobre una cuerda floja, la frustración y la tristeza empezaron arrinconarme, peor las cosas cambiaron con una decisión.
Decidí que el tejido dejara de ser solo un negocio y se convirtiera en un homenaje a mi historia de vida. En cada puntada que hago hay algo de ella, de todas las personas que antes que mi tejieron con paciencia y amor nuestra familia. Mantenerme firme no era solo por mí, era también por ellos.
“Cuando el negocio tembló, el tejido fue lo que me sostuvo. Dentro y fuera.”

2026: Nuevas oportunidades
Hoy, en 2026, puedo decir que lo que parecía un final fue solo una pausa para tomar aire. Logramos entrar con nuestros productos a un restaurante muy reconocido de la zona, un hito que celebro con todo el corazón porque representa resistencia, persistencia y fe. Cree nuevas relaciones con otros emprendedores, conocí nuevas personas que me están brindando la oportunidad de dar a conocer nuestra historia y lo que hay detrás de una marca.
“Cada bolso que hago lleva un pedazo de historia, de familia y de amor hecho a mano.”

Tejer es mucho más que una habilidad. Es una herencia.
Si llegaste hasta aquí, espero que algo de lo que escribí haya quedado contigo. Porque esto no es solo mi historia: es la historia de muchas mujeres que tienen un talento en las manos y aún no saben qué hacer con él.

Emprender desde lo artesanal es posible.
Sostenerse cuando sientes que todo se viene abajo, encontrar bienestar y comunidad a través del tejido también es posible. Si algo en ti te dice que es momento de dar ese paso, escúchalo. Yo lo hice, y me cambió la vida.
¿Y tú? ¿Tienes algún negocio artesanal que te conecte con esa versión más tranquila y feliz de ti misma? Cuéntame en comentarios, me encantaría conocer tu historia.
Con cariño,
Andrea



Huy sobri, que historia bonita, ese emprendimiento está de punta. Saludos y seguir con toda.